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La mirada virtual
¿Qué ves, qué ves sino me ves?


“Si el hombre no cerrara a veces soberanamente los ojos
terminaría por no ver ya lo que merece verse”.
René Char

 

Desde hace tiempo, confieso cierta "fascinación" al observar cómo muchas personas se relacionan en la red. Fascinación que conjuga mi especial interés por entender ese universo tan complejo,
ligada a la necesidad por tomar cierta distancia.

Es que si bien a diario escucho hablar de las relaciones virtuales, no puedo evitar creer que aún resta mucho por conocer y cuestionar al respecto. De lo contrario, corremos el riesgo de banalizar algo tan complejo como el vínculo humano; o lo que es peor, reducirlo a una discusión que pone su eje en la red.

Definitivamente mi decisión de distanciarme no es tecnológica, sino afectiva.

Por eso, si bien comencé escribiendo sobre las generalidades de "La Salud en la Web", no tardé demasiado en poner el foco entre las diferencias entre conexión y comunicación. En un texto llamado "En la Era de la mel@ncolía - Nuevas Tecnologías - Viejas Soledades" , formulé preguntas para repensar un fenómeno en el cual lejos del aislamiento, cobra importancia encontrar "un otro" con quien relacionarnos.

¿Y que caracteriza a "ese otro de la red"?

Ojalá lo supiese. Simplemente me atrevo a decir que es "un otro diferente al del mundo real”,
un otro "cuya mirada” es un misterio.
La red permite una nueva mirada. "la mirada virtual" que más allá de lo tecnológico,
plantea interrogantes existenciales en relación a los vínculos humanos, presentes en todos los tiempos.

Una mirada a la Mirada Humana.

No es una obviedad, mencionar que “la mirada”, no se refiere a la capacidad sensorial orgánica.
Aunque los diccionarios nos confundan en ese sentido, mirar no es igual a ver, ni los ojos son responsables de la mirada. Se impone diferenciar “el ver” (fenómeno biológico), de la mirada (fenómeno social).

Mauricio Rebolledo nos dice que el "ver" tiene relación con el registro de datos visuales y que el "mirar" tiene relación con el "darse cuenta" de que información obtenemos de esos datos.

Cuando generalmente "vemos", obtenemos datos de lo visible y cuando "miramos" construimos interpretaciones de lo que "vemos", en base a nuestra historia, nuestras experiencias, nuestras creencias, que constituyen lo que llamamos nuestra cultura (en el sentido de Comunidad no de conocimientos).

Nada más gráfico para evidenciar que la mirada no puede ser reducida a los ojos, es “La mirada invisible” la primera exposición colectiva internacional de fotógrafos ciegos: una iniciativa lanzada en el 2009, por artistas de diferentes países que, como dice su promoción, nos obligan a reconocer que existen diferentes formas de ver, a la vez que evidencia que es más grave la ceguera del prejuicio y la ignorancia que la ceguera ocular.

Y en tanto la mirada es una construcción social, debemos rastrear entonces, como ha sido su constitución.

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Mira quien Mira

La mirada tiene una función estructurante para el desarrollo psíquico de una persona. Es a partir de ella, que el niño desde muy pequeño, va interiorizando su imagen corporal y con ella se va conformando lo que será luego su identidad.

Si bien no me gusta caer en tecnicismos, para entender cómo la mirada del otro nos constituye, necesito contarles, el aporte del psicoanalista Jacques Lacan.

Para él, existe un deseo que nos inviste muchos antes de nacer. Por eso, el lugar que ocuparé en mi familia, en su entorno más íntimo e incluso en la sociedad misma; estará relacionado con un deseo que da cuenta de las expectativas, anhelos, ilusiones y frustraciones de muchos otros que esperan algo de mí, aún sin conocerme.
Y si bien justamente "ese deseo" le será atribuido al bebé para nombrar sus primeras necesidades; podemos decir que "nada" le será cuando crezca, menos propio que dicho deseo.

Seguramente todos alguna vez escuchamos un bebé llorando, y alguien que con sólo observarlo dice "tiene hambre, frío, calor, se asustó, le duele la pancita, está resfriado, se hizo pis,
no durmió bien, etc. etc. etc…"
El bebé simplemente lloró, la mirada de un "otro" le dio el sentido a ese llanto.
Y esa mirada, al igual que la del bebé, también se constituyó en la mirada de un “otro” y todos "los otros" lo fueron en la mirada de la cultura, que en palabras de Lacán se trata del lenguaje.

Y es misma mirada, que puso un nombre a las necesidades del bebé, también le pondrá un límite: se convertirá en un ojo de la conciencia que nunca nos dejará de ver, por más esfuerzos que hagamos por ello.

Lacan reforzó esa idea diciéndonos que "la mirada no se sitúa simplemente a nivel de los ojos. Los ojos pueden no aparecer, estar enmascarados. La mirada no es forzosamente la cara de nuestro semejante, sino también la ventana tras la cual suponemos que nos están asechando".

En este sentido, la cuestión no se limita a "ser o no ser", sino a "“ser o no ser mirados" ; y fundamentalmente, al modo en que estas primeras miradas nos constituyeron.
A partir de allí, las miradas "de nuevos otros en nuestra vida", serán espejos que reflejan aquellos deseos primitivos, inconscientes en su mayoría, que desconocemos como propios.

Sartre diría, el infierno (o la mirada del otro),
soy yo, o lo que no quiero ver de mí.

De Sartre a Gran Hermano,
pasando por el panóptico y Foucault.

La filosofía, la sociología y la literatura, tampoco obviaron el tema. En este caso he tomado tres referentes, indiscutibles en sus aportes:

Para Jean Paul Sarte, la mirada es una presencia asociada a la angustia. De ahí, que el infierno son los otros.
El infierno para él, es la mirada del otro, que le da sentido a nuestros actos, los desaprueba, los censura, los condena, los aplaude o simplemente los ignora.

Sartre utiliza este relato en “El ser y la nada”, para presentarnos la mirada:

Estamos en un hotel, vamos por el pasillo, oímos unos ruidos extraños en una de las habitaciones, nos acercamos despacio, sin hacer ruido, nos detenemos ante la puerta para oír mejor, miramos por el ojo de la cerradura, espiamos; nuestra conciencia atiende a lo que ocurre en el habitación, está dirigida a las cosas, no atendemos a nosotros mismos; pero, de repente, sentimos que alguien nos mira, que un camarero u otro huésped se acerca, se para a nuestra espalda y nos ve espiando. Al darnos cuenta de que nos ven, de que nos miran, sentimos vergüenza sentimiento que tiene dos direcciones: por un lado la conciencia del otro,
de su presencia, y no del otro como una mera cosa más sino como un sujeto, como alguien del que se puede esperar una conducta que nos puede comprometer; pero, a la vez, somos conscientes de nosotros mismos, de nosotros en la situación concreta en la que vivimos.

Su intención con el mismo es mostrarnos dos cosas:

  • En primer lugar la mirada es la experiencia en la que el otro se hace presente, el otro nos es presente de un modo manifiesto en la experiencia de la mirada , que es la experiencia fundamental en la comunicación. Cuando sentimos que alguien nos mira, sentimos que estamos ante otra subjetividad, ante otra conciencia, Sentimos que estamos delante de un ser con el que podemos contar, o al que nos hemos de oponer, delante de un ser que nos valora y pone en cuestión lo que somos, lo que queremos, nuestro ser. Es el ámbito primero que abre la puerta a la comunicación.
  • En segundo lugar la presencia del otro es necesaria para nuestro propia autoconciencia.
    Somos conscientes de nosotros mismos en la medida en que el otro nos valora, cuenta con nosotros, nos estima, odia, quiere, detesta...
    La presencia del otro como sujeto, su mirada, tiene un valor tan importante que sólo  mediante ella se puede decir que somos conscientes de nosotros mismos.

Y frente a esta mirada, él distingue tres tipos de reacciones: el miedo, la vergüenza y el orgullo.

    • En primer lugar el sujeto tiene Miedo porque piensa que su libertad, su ser está en peligro ante la libertad del Otro. La mirada del Otro, dirigida hacia mí, me alcanza y hace cambiar de actitud poniéndome en guardia.
      Sentirse mirado es, para Sartre, percibir y sentir la existencia absurda que yo soy.
    • La segunda reacción es la Vergüenza. Por ésta vivo el ser mirado y experimento sus efectos de convertirme en un objeto para el otro, me cosifico.
    • La tercera forma de reaccionar es el Orgullo, que me permite vivir la sensación de que existe alguien que me ve no como “Ser Para Sí” sino como “Ser En Sí” (equivalente a decir que me ve como un sujeto y no como un objeto).
      Cómo ejemplo de este último sentimiento, vale referenciar el pasaje de "Los Caminos de la Libertad", en el cual Daniel ve y descubre finalmente que él es un Ser En Sí: - Transformo para mí la frase imbécil y criminal del profeta de ustedes, ese “Pienso, luego Existo”, que tanto me hizo sufrir, pues mientras más pensaba, menos me parecía ser y digo: “Me ven, luego soy”-.

Sin embargo la mirada no es unidireccional, pues el otro puede mirarme y yo mirarlo a él;
al punto que enfrentamiento de miradas, es un enfrentamiento de poder.

Foucault, conciente de esto, lo lleva la plano social y se focaliza en las relaciones entre el poder, la vigilancia y el control social, rompiendo con las concepciones clásicas de este término.“Existe en la vigilancia, más exactamente en la mirada de los vigilantes, algo que no es ajeno al placer de vigilar y al placer de vigilar el placer.
Para describir a esta sociedad, él hace referencia al panóptico: que reproduce la estructura y funcionamiento de poder de esa prisión ideal que el arquitecto Bentham ideara, para maximizar la eficacia y minimizar la economía del sistema carcelario.

Una construcción en forma de anillo en la periferia, con una torre central con anchas ventanas que se abren en la cara interior del anillo; la construcción periférica está dividida en celdas, cada una de las cuales atraviesa toda la anchura de la construcción. Tiene dos ventanas, una que da al interior y otra al exterior, de tal manera que la luz atraviesa la celda de una parte a otra. Un vigilante en lo alto de la torre central, por el efecto de la contraluz, puede percibir cualquier movimiento de aquel que se encuentre en la celda. Cada prisionero es perfectamente individualizado y constantemente visible, mientras que, desde la celda, el reo no puede observar quien lo observa desde la torre (si es que lo observa alguien).

A la luz de su descripción, el panóptico se presenta como un dispositivo que concentra su eficacia en la nueva articulación del eje ver y ser-visto (fundamental en todo sistema de vigilancia) que propone. Según Foucault, "el panóptico (...) debe ser comprendido como un modelo generalizable de comportamiento; una manera de definir las relaciones de poder en la vida cotidiana de los hombres".

En el panóptico, la mirada (su ausencia o presencia) es poder; en eso reside el secreto de su éxito.
“En palabras de Foucault "el panóptico es una máquina de disociar la pareja ver-ser visto: en el anillo periférico, se es totalmente visto, sin ver jamás; en la torre central, se ve todo sin ser jamás visto".
Quizá el modo popular, cercano y extremo de visualizar el poder y el pacer de vigilar que pueda adquirir “la mirada del otro”, es a partir de “Gran hermano”, un reality show que alcanzó mundialmente la fama, y donde es el “el público” quien puede observarlo todo y castigar o premiar a los participantes del juego.

Para quienes no lo sepan, “Gran Hermano” es un personaje del la novela “1984” de George Orwell, publicada en 1949 poco tiempo después de finalizar la Segunda Guerra Mundial.
Se trata de una supuesta sociedad policial, donde el estado ha conseguido el control total sobre el individuo. No existe siquiera un resquicio para la intimidad personal: el sexo es un crimen, las emociones están prohibidas, la adoración al sistema es la condición para seguir vivo. La Policía del Pensamiento, se encargará de torturar hasta la muerte a los conspiradores. Todo allí está controlado por la sombría y omnipresente figura del Gran Hermano, el jefe que todo lo ve, todo lo escucha y todo lo dispone. Su rol además de vigilar, es obligar a cumplir las leyes y normas a los miembros del partido totalitario mediante el adoctrinamiento, la propaganda, el miedo y el castigo despiadado.  

La mirada virtual

La llamada “era virtual”, imponen un modo diferente de comunicarnos, donde no es necesaria la presencia física del otro (en tanto desde el imaginario colectivo, “lo físico” es lo constatable por los sentidos (vista, tacto, olfato, gusto, oído). Las relaciones a través de la web, plantean entonces un primer nivel de tensión entre “lo considerado real” y lo que no lo es.

Las posturas más reaccionarias a este fenómeno, ponen su acento en considerar el detrimento de las relaciones “personales”, considerando a la presencia física, como la clave en la comunicación humana.

Por el contrario, mi visión del tema, coincide más con quienes afirman que la comunicación humana, se ve ampliamente favorecida por tecnología. Existe otra forma de entender el concepto “presencia”, elaborada a partir de los elementos que nos permiten la “visibilidad” on line: la manera de escribir, el nick, los iconos utilizados, las imágenes, mostradas, etc.

Asumir una identidad virtual, le permite a muchas personas “dar el primer paso” en el camino de una relación, del tipo que sea. Casi mágicamente se eluden muchos de los miedos e inseguridades asociados a la asunción de que tu cuerpo, tu cara, imposibles de ocultar en una situación “cara a cara”.
En ese sentido, puede resultar positivo encontrar en la web, una posibilidad de superar un momento de angustia para muchas personas, pero si queremos construir lazos más profundos
– sea de pareja o de amistad – es necesario enfrentar la mirada del otro.

Y es aquí, donde la web posibilita un nuevo fenómeno en los vínculos humanos,
donde se invierte la lógica del control y la “mirada del otro”, puede ser burlada.
En la web, resulta tan sencillo recibir y enviar e-mails, participar en chats, foros o integrarse
a redes sociales; como construir una o múltiples imágenes de lo que me gustaría ser.
El mundo virtual, me permite cambiar de sexo, edad, religión, origen;
y es el otro, quien puede ser acechado por lo que estoy dispuesta a mostrar.

En este sentido, puede resultar hasta placentero, refugiarnos en una ilusión de poder ilimitado, donde no hay nada que perder, pues nada se pone en juego.

Visto de este modo, la tecnología le aportaría al hombre, una herramienta perfecta para evitar la angustia de exponernos a la mirada de otro: ni las drogas, el dinero, la fama, o las cirugías logran una eficacia tal, como lo hace camuflarse en una identidad virtual.

Diana Sahovaler De Litvinoff en un texto llamado "El sujeto escondido en la realidad virtual", plantea el sujto esconde entonces tras el objeto, se asimila a él: un personaje que representa, un semblante que adopta, una identidad virtual desplegada en el ciberespacio, la identificación con protagonistas de la pantalla que brillan en la fama. Según propone su lobro: "es a través de la realidad virtual estos ideales encuentran un modo de ver la luz sin peligro. Las pantallas contrarrestan el vacío: allí siempre hay algo para ver, hay algo que pasa, alguien que está. Y lo que sucede es luminoso, colorido, los íconos conocidos crean una sensación de familiaridad, de acompañamiento, de identidad. El hombre busca convertirse en un objeto estético, perfecto, contemplarlo y contemplarse en el espejo, en los blogs, en los face-books o en las filmaciones que sube a Internet, donde su vida puede ser un espectáculo para que otros lo miren. Y aspira ofrecer esa perfección al otro".

Y desde allí, no importa “hacer público lo privado”, ni exhibir lo que ocultábamos con mayor recelo. Todo ahora puede ser bello y digno de mostrar.
Aunque lo quiera, “el otro”, ya nopodrá censurarnos ni castigarnos. No hay nada que temer, y mucho menos por qué avergonzarse. Si en definitiva, se trata de una identidad ficticia; la cual podremos cambiar cuantas veces queramos.

Finalmente el temor a "ser mirados" encontró en la web, un ámbito apto para cumplir su objetivo:
garantizarnos la "no relación con el otro".

Entonces no hay control , y si llevamos al extremos esa "ausencia del otro", corremos el riesgo de esclavizarnos en un “mundo paralelo”, confundiendo ficción con la realidad, relaciones “verdaderas” con “virtuales”, e incluso la propia imagen con la imagen deseada.

Apoyándome en Sartre les diría que si desaparece la mirada del otro, también lo hace el otro como tal, y corremos el riesgo a reducirlo a lo que deseamos ver en él.
Lo convertí en “una cosa”, también ficticia, que tampoco podrá reconocerme tal cual soy,
si en definitiva nunca me di a conocer.
¿De qué sentir entonces orgullo?

La ausencia del otro, es en definitiva, el encuentro con un vacío capaz de aniquilarnos.
Una vez más, el absurdo de la existencia humana: nos esforzamos por ocultar la angustia,
y la exhibimos en su peor faceta, la que es capaz de aniquilarnos.
“No me ven, luego no soy”; describiría ese desencuentro.

Una vez más, acercarme a lo nuevo que implica el mundo virtual,
me enfrenta al eterno e indescifrable universo de las relaciones humanas.
Quizá por eso, hasta el momento, sólo tengo la clara sensación de que la web es como un amplificador:
"Lo bueno lo hace más bueno; y lo malo, aún peor."

Fabiana Andrea Mendez

 

Fuentes de Información

* La Comunidad Virtual
Howard Rheingold
*El sujeto escondido en la realidad virtual
Diana Sahovaler De Litvinoff

* Conectados al Vacio
Sergio Sinay
* Planeta Web 2.0
Cristóbal Cobo Romaní y Hugo Pardo Kuklinski
Jóvenes y cultura messenger
Ángel J. Gordo López
Ignacio Megías Quirós

* Nuevas Tecnologías - Viejas Soledades
* La salud en la web
Web de Encontradores

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