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La Revolución de la Fe.

Cuando la muerte nos devuelve la vida.

 

Hace tiempo no escribía.
Desde el día que silencié mi vida; frené  mi trabajo, mis estudios,  mi voluntad, mis búsquedas, mi deseo, mis ganas.…
Fue un momento, en el cual elegí pasar a un segundo plano.

Hace tiempo no escribía.
Exactamente desde el 27 setiembre del 2015. Imposible olvidar aquel domingo, cuando descubrieron  la enfermedad de mi hermana y decidí acompañarla.
Finalmente, el 15 de marzo del 2016 murió….

  • Murió en casa de mi mamá, tal como como quería. 
  • Murió sin sufrimiento, pasando de un sueño al otro.
  • Murió  con esperanza, creyendo por su mejoría que iba a sanar.
  • Murió sanando, sanando  heridas  de todos los tiempos.
  • Murió viviendo con fe; ese milagro que permirió que no muera en vida y que iluminó la vida de quienes la acompañamos.

Hace tiempo no escribía.
Hoy quiero hacerlo para elaborar mi dolor y no quedar atrapada en él; necesito escribir para refugiarme en mi fe.
Lamentablemente, sin importar cuán creyente aceptemos ser, cuando la muerte de un ser querido gana la partida, estamos condenados a la Fe.

 

El lenguaje  de la Fe

Antes de profundizar en el tema, quiero contextualizar la fe, sin reducirla al plano religioso.

Todos vivimos por fe; nos guste o no. 
La fe1 - es una creencia y nuestra cotidianeidad se organiza en base a creencias.

  • Conozco tanto ateo/ agnóstico que lleva una  agenda semanal, mensual; planifica a corto, mediano y largo plazo; y hasta ahorra o se endeuda por algo que va a disfrutar más adelante. Gente de fe sin dudas, porque si hay algo que desconocemos es nuestro futuro y el de los seres amados. Y se los digo con cocimiento de causa, toda mi historia es un fiel testimonio que “lo seguro” es una perversa mentira que gustosamente queremos comprar.

La clave en estos casos es saber dónde depositando nuestra fe (Los Riesgos de una Espiritualidad sin Dios es un trabajo donde profundizo este punto2

  • Conozco tanto fundamentalista del “Tu Puedes”  que cegado   por  el lenguaje del Poder3  hace de  auto-ayuda una cuestión de Fe: El pensamiento positivo, la ley de atracción, el hágalo usted mismo   se apoyan en la certeza  de que es posible hacer de nuestra mente  un Dios todopoderoso.

     Por  fuera de cualquier religión, pero también dentro de estas; debemos reconocer este  fenómeno propio de estos tiempos, que afirma que podemos alcanzar todo lo deseado de un modo sencillo, rápido, sin daños coletarales  y sin esfuerzo alguno.

    Todos vivimos por fe; lo aceptemos o no. 
    La fe – lejos de todo tecnicismo1 - es una creencia,  fundamental para no caer en desesperación  en el transcurrir cotidiano.
La palabra fe deriva del término latino fides y permite nombrar  al conjunto de creencias de alguien, de un grupo o de una multitud de personas.

Claro que una creencia con  características particulares.

      • Se la vivencia como una certeza.
      • No considera la evidencia
      • Es positiva.

Sólo la fe permite dar por seguro un mañana incierto.
La esperanza de ver el  sol después de una tormenta; es un acto de fe.
La simple referencia a un instante futuro, nos condena a la fe.

Todos vivimos por fe; nos valgamos de ella  o no. 
La  fe , en tanto creencia,  se vale de  la  razón y las emociones;  aunque jamás podría limitarse a ellas:

  • La fuerza racional se nutre de conceptos  que nos ayudan a cuestionar y validar nuestras creencias.
  • La fuerza emocional aparece cuando la fe tiene su punto de partida en un deseo; contribuye a mejorar la autoestima y el modo en que interpretamos la realidad.

La fe apela a  una certeza incuestionable  -consiéntete o inconscientemente - depositada en algo o en alguien.

Una certeza que frente a la muerte, pone palabras para transitar lo desconocido.
Una certeza que frente a la muerte,  apela  a un Ser Superior para  soportar la obviedad más obviada:   los límites de nuestra condición humana.

 

Cuando la Fe reconoce un Ser Superior

La muerte que no se limita a un hecho biológico sino que conlleva matices sociales, legales y religiosos, entre otros.

Sólo podemos pensar la muerte de los otros; la sociología nos anoticia que  la muerte no es un hecho individual; es un hecho social.  En tanto somos con otros, la muerte de un individuo afecta a la comunidad y la reúne. Los ritos en torno a ella – ya casi en desuso – son una posibilidad de tomar conciencia de su alcanza.

Cuando  transitamos la  muerte de un ser querido, tarde o temprano, apelamos a algún tipo de fe para superar la angustia y el dolor por la pérdida.

Apoyándome en estos momentos en particular, quiero compartirles tres aspectos  diferentes,  que puede adoptar la fe y que determina el modo de tramitar el dolor.

    • Cuando la Fe no admite razón alguna: Fe Delirante / Fe Autoritaria / Fe Ilusoria –
    • Cuando la Emoción amplia los límites de la Fe: Fe inconsciente / Fe consiente / Conciencia de Fe
    • Cuando la Fe  se conecta con lo Espiritual: Fe incrédula / Fe creyente/ Fe creadora

 

Cuando la Fe no admite razón alguna.
Fe Delirante / Fe Autoritaria / Fe ilusionada

Este grupo, bien podría denominarlo como “pseudo-fe” o fe infantil.
Si bien  se constituye  en torno a un Dios, y hasta puede ser religiosa; no implica trascendencia alguna; nos inventamos un Dios a medida, hecho a nuestra imagen y semejanza.

En un extremo ubico la Fe Delirante, controversial por cierto, que puede vivir  alguien enfermo de religiosidad extrema
Y planteo una controversia aquí, porque nada hay de espiritualidad en esta fe; si creo que la vida espiritual puede parecer “locura” a la razón; pero no es justamente este el caos.
Aquí el fundamentalismo religioso cobra una fuerza tal, que el mismo Dios y la vida humana quedan relegados a un segundo plano; por eso alguien puede inmolarse en cualquier causa, sacrificar su vida o someter a otros en el nombre de su ideal de  Dios.
La Fe delirante, por la ausencia de razón es objeto de estudio de la psiquiatría:
El delirio o idea delirante, para ser considerados como tales, deben cumplir varios requisitos:

  • ser una idea firmemente sostenida pero con fundamentos lógicos inadecuados.
  • ser incorregible con la experiencia o con la demostración de su imposibilidad.
  • ser inadecuada para el contexto cultural del sujeto que la sostiene.

Si bien tomando los dos primeros puntos cualquier idea que plantee lo sobrenatural podría ser considerada delirante, el tercer punto es el que nos permite diferenciar esta idea de fe. En ese sentido, hay muchas ideas religiosas que pueden ser sostenidas con firmeza y convicción no constituyen un delirio pues el proceso por el cual se llega a la convicción es el adecuado.
El riesgo en estos casos es llegar a una fe fanática, que lleva al sujeto a creerse el emisario de Dios y ampararse  en ello para justificar su propia violencia.

Luego, hay otro nivel de fe,  que caracteriza a quienes esclavizan a Dios exigiéndole cumpla todos sus deseos. La llamo Fe Autoritaria, pues sepa o no lo que quiere, de seguro, lo quiere ya.
Su característica es la inmediatez, la irracionalidad, la mezquindad o la obstinación  con la cual exige; parece olvidar  quien es Dios y quienes su creación, empecinándose en conducir el plan de Dios.
Una vez alguien me dijo dos cosas que cambiaron mi mirada respecto a la oración y que de alguna manera, me ayudaron a reconocer esta idea de  fe:

  • Dios siempre responde, a veces su respuesta es sí, otras es no y otras todavía no.
  • Dios puede no darnos lo que deseamos y él sabrá por qué; lo que nunca hará es dejarnos de dar lo que necesitamos.

Lo más frecuente con esta fe es que, tarde o temprano comprobemos  que Dios es injusto, lo desacreditamos y nos alejamos de él responsabilizándolo por todos los males del universo. Un alejamiento que se limita a una nueva situación de impotencia, que nos lleve nuevamente a exigirle a  Dios nos libre de la angustia.
Por último, incluyo en este grupo una fe infantil, basada en lo sensorial, desconociendo la realidad.
La llamo Fe Ilusionada,  pues la ilusión se define como una imagen sugerida por los sentidos que carece de verdadera realidad; o una esperanza que carece de fundamento en la realidad.
En este nivel de Fe,  somos presos de los estados afectivos, y las leyes de la percepción que nos enseña que el cerebro permanentemente nos engaña.
El riesgo con este tipo de fe, es el encuentro con la realidad muchas veces idealizada y la frustración que eso implica.
Tengamos en cuenta que no nos frustramos por lo que sucede; lo hacemos por aquello que no sucedió e imaginábamos debía ser. En ese sentido la ilusión lejana a la realidad es siempre negativa. Sin importar los hechos objetivos, la frustración protagonizará la escena.

 

Cuando la Emoción amplia los límites de la Fe.
Fe inconsciente / Fe consiente / Conciencia de Fe.

 

En este grupo ya hablamos de una fe más fortalecida y que es la vía que el hombre utiliza para conectarse con lo espiritual.

Es  usual, a lo largo de nuestra vida, experimentar la mayoría de actividades cotidianas sin cuestionarnos las creencias básicas que las determinan; casi como en piloto automátivo
La espiritualidad puede incluso manifestarse en este nivel de desconocimiento y la fe, en tanto una creencia, puede permanecer fuera de la conciencia.
La llamo entonces Fe inconsciente y caracteriza a quienes jamás reflexionaron sobre su fe ni han intentado profundizarla; sin embargo  la vivencian y se apropian de ella: Su vida es un testimonio  de fe y sumisión a su Dios.

En oposición de esta fe, tenemos una experiencia consiente del vivir por fe. Aunque  no lo crean, no es sencillo definir la conciecia ; para hacerlo partamos de un concepto básico  consensuado por todas las teorías al respecto: se trata de un estado; por ej. estar atento, despierto, vigilante, alerta, con capacidad de percibir, responder y comunicarse con el entorno y con otros.

Luego, el tema se complica; por eso me limitaré a presentarles su esencia, comprendida  en  las cinco acepciones que  ofrece el diccionario de la real Academia española, pues todas son válidas para desarrollar mi idea:

 (Del lat. conscientĭa, (conocimiento compartido y este calco del gr. συνείδησις).
1. f. Propiedad del espíritu humano de reconocerse en sus atributos esenciales y en todas las modificaciones que en sí mismo experimenta.
2. f. Conocimiento interior del bien y del mal.
3. f. Conocimiento reflexivo de las cosas.
4. f. Actividad mental a la que solo puede tener acceso el propio sujeto.
5. f. Psicol. Acto psíquico por el que un sujeto se percibe a sí mismo en el mundo.

Para quienes nos definimos creyentes, la fe es un acto deliberado procedente de la voluntad.
La posibilidad de reflexionar sobre la fe, nos permite activarla y ponerla a prueba: lo cual la hace madurar.

En ese sentido, tal como decía Hedidegger “cada toma de conciencia de algo, es a la vez, una conciencia de sí mismo” y en ese sentido cuando tomamos conciencia de nuestra fe; también lo hacemos de nosotros mismos, asumiendo una actitud de certeza y esperanza basada en la propia experiencia de la trascendencia.
El  nivel de madurez de la fe, se da a partir  el nivel de conciencia que tengamos del alcance de  esas experiencias

Sea conciente o inconciente, siempre la fe se deposita en algo o en alguien.
En ese sentido, lo interesante del tema comienza cuando sinceramos en qué o quién depositamos nuestra fe; un tema que les aseguro realmente me inquieta a un punto tal que escribí mucho sobre lo que llamo “Los riesgos de una espiritualidad sin Dios”

 

Cuando la Fe realmente se conecta con lo Espiritual.
Fe incrédula / Fe creyente / Fe creadora.

 

Voy a agrupar en este nivel a una fe madura, pensando en aquellas personas con “conciencia de fe”, que profundizan este estado  para fortalecer su espiritualidad y acercarse a Dios.
Para desarrollar este punto, me voy a apoyar en la definición de fe de San Agustín, pues él plantea que la fe tiene un premio:

«La fe consiste en creer lo que no vemos,
y la recompensa es ver lo que creemos».

La idea de esta  recompensa, es el punto de partida para pensar tres tipos de fe: incrédula, creyente y creadora.
En tanto cristiana,  voy a recurrir a  los evangelios.

Antes de desarrollar este punto, siento la necesidad de compartirles mi creencia en un Dios uno y trino caracterizado por tres personas diferentes y un solo dios verdadero  (Dios Padre, Dios hijo–Jesucristo y Dios Espíritu).
Vale esta aclaración porque esto no implica que rechace otras religiones ni que no respete otros  modos de obrar y vivir aunque discrepe con ellos. Diferente es mi mirada a la new age, porque aunque lo disfracen, son prácticas ocultistas que lamentablemente conozco muy bien.
La fe adulta, la llamaré aquí  “Fe creadora”,  en tanto  logró despreciar la evidencia. No se trata de no necesitar, no desear o no cuestionar lo evidente: cuando adquirimos este nivel de fe  superamos  las  dudas humanas que interfieren  en una relación con Dios.

La Fe Creadora nos permite vivenciar un presente diferente, donde fortaleciendo  la conciencia de fe, descartamos cualquier realidad que no nos satisfaga.
En un seminario de Vida, alguien por primera vez me habló de esa fe, y la llamó Fe carismática: una fe capás de obrar milagros, comenzando por nuestra conversión.

A la Fe Creadora no se la busca con la razón,
 ni estimulando emoción alguna;
se la encuentra en la dimensión espiritual.


Surge a partir de la certeza de la existencia de un Dios todopoderoso, que obra con un propósito a favor del hombre y que cumplirá las promesas que le hizo desde el momento mismo de la creación.
El nivel de madurez espiritual que activa esta fe, jamás entrará en contradicción con la voluntad de Dios; sin importar nuestro deseo, el plan de dios es perfecto; todo aquello que sucedió, sucede y suscederá, obrará siempre para nuestro bien.

El apóstol Pablo,  lo afirma en su carta a los Romanos 8:28-30

8:28 Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados.
8:29 Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos.
8:30 Y a los que predestinó, a éstos también llamó; y a los que llamó, a éstos también justificó; y a los que justificó, a éstos también glorificó.

La Fe creadora conoce los límites de su razón y pone a madurar sus emociones. En mis trabajos sobre emocionalidad planteo el aspecto creador de la palabra.

“La palabra crea mundo” es mi frase de cabecera.
En este ampliaría diciendo que se tata de   una “palabra de fe”.

Diferente es la “fe de palabra”, que surge de una  “fe incrédula” que sin importar a que religión adhiera, cuestiona permanentemente la experiencia de un Dios.
Vale aclarar que no estoy hablando de quienes deliberadamente no creen, sino de quienes sujetan su fe  a las leyes de la razón.

La Fe incrédula no logró  superar los límites de la razón,
 para abrir paso a sobrenatural.


La reconocemos por ser desconfiada, expectante, ansiosa, reclamando señales para exorcizar sus dudas. En ella, prima la necesidad de creer sobre la certeza de lo que realmente sucederá.

Juan 20:24-27 nos cuenta de un Jesús resucitado, que llama incrédulos a  los portadores de esta fe:

20:24 Tomás, uno de los Doce, de sobrenombre el Mellizo, no estaba con ellos cuando llegó Jesús.
20:25 Los otros discípulos le dijeron: "¡Hemos visto al Señor!" Él les respondió: "Si no veo la marca de los clavos en sus manos, si no pongo el dedo en el lugar de los clavos y la mano en su costado, no lo creeré". 
20:26 Ocho días más tarde, estaban de nuevo los discípulos reunidos en la casa, y estaba con ellos Tomás. Entonces apareció Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio de ellos y les dijo: "¡La paz esté con ustedes!"
20:27 Luego dijo a Tomás: "Trae aquí tu dedo: aquí están mis manos. Acerca tu mano: métela en mi costado. En adelante no seas incrédulo, sino hombre de fe".

Justamente entre la fe creadora y la fe incrédula, ubico la “fe creyente”, una fe esperanzada en  ver lo que cree; pero sorprendida o atemorizada cuando es recompensada.

Vuelvo a la resurrección de Jesús, a un relato de Lucas donde ejemplifica como  quienes esperaban ver la resurrección de Jesús; dudaron, sintieron temor o se  maravillaron  al comprobarlo.

24:1 El primer día de la semana, muy de mañana, vinieron al sepulcro, trayendo las especias aromáticas que habían preparado, y algunas otras mujeres con ellas. 
24:2 Y hallaron removida la piedra del sepulcro; 
24:3 y entrando, no hallaron el cuerpo del Señor Jesús. 
24:4 Aconteció que estando ellas perplejas por esto, he aquí se pararon junto a ellas dos varones con vestiduras resplandecientes; 
24:5 y como tuvieron temor, y bajaron el rostro a tierra, les dijeron: ¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive? 
24:6 No está aquí, sino que ha resucitado. Acordaos de lo que os habló, cuando aún estaba en Galilea, 
24:7 diciendo: Es necesario que el Hijo del Hombre sea entregado en manos de hombres pecadores, y que sea crucificado, y resucite al tercer día. 
24:8 Entonces ellas se acordaron de sus palabras, 
24:9 y volviendo del sepulcro, dieron nuevas de todas estas cosas a los once, y a todos los demás. 
24:10 Eran María Magdalena, y Juana, y María madre de Jacobo, y las demás con ellas, quienes dijeron estas cosas a los apóstoles. 
24:11 Más a ellos les parecían locura las palabras de ellas, y no las creían. 
24:12 Pero levantándose Pedro, corrió al sepulcro; y cuando miró dentro, vio los lienzos solos, y se fue a casa maravillándose de lo que había sucedido. 

Sucede, que si bien esta fe  se permite pensar en lo sobrenatural; no lo experimenta  en su real dimensión . Es añun una fe infantil, necesitada de  profundizar la relación personal con Dios para poder activarse en tanto una fe creadora.

Sólo la  Fe creadora  se relaciona adultamente  con lo sobrenatural;
trascendiendo al plano espiritual; gracias a lo que llamo
“La Revolución de la Fe”

 

La Revolución de la Fe


En un mundo donde las revoluciones pasaron de moda, quiero reivindicar la revolución de la Fe. La única que tiene el poder de enfrentar a la muerte, para devolvernos la alegría.

  • Una reivindicación que no reivindica causa alguna; es sólo un intento de aliviar el dolor y la desesperación de quienes no la conocen.
  • Una reivindicación que no reivindica su existencia; simplemente se apena de un mundo reducido a lo “explicable”; haciendo de la evidencia la más tirana de las religiones.
  • Una reivindicación que no ataca la razón,  un mundo sin razón es locura; aunque   no es menos loco hacer de la razón la medida de todas las cosas.
    • El arte, los sentimientos, el deseo, el placer, el entusiasmo, las sensaciones, la esperanza, y el amor - entre otras muchísimas  cosas  - tampoco pueden reducirse a la mirada miope de la razón. Pobre de aquel que intente hacerlo;  se asegura la infelicidad en tremenda locura.

En un mundo donde las revoluciones pasaron de moda, quiero reivindicar la revolución de la Fe. La única que tiene el poder de rescatarnos de la estupidez, para devolvernos la esperanza.

  • estupidez que en ciertas ocasiones  es sinónimo de  soberbia; pero en otras – la mayoría – es sinónimo de temor  por sabernos vulnerables, necesitados de amor.
  • estupidez que tarde o tempano nos esclaviza a la angustia; sólo la fe nos rescata de la desesperación  que implica la muerte en vida; la más indigna de las muertes.

En un mundo donde las revoluciones pasaron de moda, quiero reivindicar la revolución de la Fe. La única que tiene el poder de animarnos a recuperar la vida: - la propia, la de nuestros seres queridos y  de nuestros muertos -aquí, ahora y en este mundo.

 

Fabiana Andrea Mendez

 

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Dos propuestas temáticas diferentes, con identidad propia,
que debes al menos darme la oprtunidad de concoer.


* - Perdidos en Encontradores
Yo no busco, encuentro.
¿Y vos?

Fuentes de Información

1-Para conceptualizar la Fe, una mirada teológica del tema les recomiendo  el Catecsimo de la Iglesia Católica
Catecismo de la Iglesia Católica -  1997.
2- Los Riesgos de una Espiritualidad sin Dios. 
E-book Encontradores
3- Poder y Lenguaje. 
Web Encontradores






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