¿Ser o No ser?
El difícil arte de decidir


Desde hace ya bastante tiempo, en los talleres que dicto sobre negociación y resolución de conflictos, incluyo el tema de Inteligencia Emocional.
Aunque parezca contradictorio, les aseguro que la posibilidad de conectarnos con nuestras emociones básicas, es una mejor garantía a la hora de decidir con mayor criterio..

Los resultados de recientes investigación neurofisiológica y neuropsicológica nos obligan a reconsiderar los mecanismos para la toma de decisiones
y a tener en cuenta el protagonismo de las emociones:

Cada vez que decidimos, nuestro cerebro está inundado de sentimientos, controlado por pasiones inexplicables.
Incluso cuando tratamos de ser razonables y medidos, estos impulsos emocionales influyen secretamente en nuestros juicios.

Ya Pascal, en el siglo XVII, nos advertía sobre otra lógica a tener en cuenta; pero el endiosamiento de la razón, nos hizo perder demasiado tiempo para acercarnos a la irracionalidad.
"El corazón tiene razones que la razón ignora", fue su famosa frase al respecto.

Conocer cómo influyen las emociones en un proceso de toma de decisiones,
parece ser el primer paso para valernos de ellas, y hacerlas jugar a nuestro favor.

El Proceso de la Toma de Decisiones

Según la Real Academia Española, Decidir (Del lat. decidere , cortar, resolver) significa:

1. tr. Cortar la dificultad, formar juicio definitivo sobre algo dudoso
o contestable.
2. tr. resolver ( tomar determinación de algo).
3. tr. Mover a alguien la voluntad, a fin de que tome cierta determinación.

Podríamos entonces decir que "Tomar una decisión" es hacer un corte en un proceso de evaluación de las diferentes facetas de un problema, habiendo estudiado las múltiples opciones que se ofrecen.

Hastie, (2001) plantea una serie de definiciones que sirven perfectamente para aclarar el proceso de toma de decisiones, que es una parte de la resolución de problemas:

  1. Decisiones. Son combinaciones de situaciones y conductas que pueden ser descritas en términos de tres componentes esenciales: acciones alternativas, consecuencias y sucesos inciertos.
  2. Resultado. Son situaciones describibles públicamente que ocurrirían cuando se llevan a cabo las conductas alternativas que se han generado. Como todas las situaciones son dinámicas y suponen que si se continúa la toma la acción el resultado puede variar.
  3. Consecuencias. Son las reacciones evaluativas subjetivas, medidas en términos de bueno o malo, ganancias o pérdidas, asociadas con cada resultado.
  4. Incertidumbre. Se refiere a los juicios de quien toma la decisión de la propensión de cada suceso de ocurrir. Se describe con medidas que incluyen probabilidad, confianza, y posibilidad
  5. Preferencias. Son conductas expresivas de elegir, o intenciones de elegir, un curso de acción sobre otros.
  6. Juicio. Son los componentes del proceso de decisión que se refieren a valorar, estimar, inferir que sucesos ocurrirán y cuáles serán las reacciones evaluativas del que toma la decisión en los resultados que obtenga.

Según estas definiciones el proceso de toma de decisiones sería encontrar una conducta adecuada para una situación en la que hay una serie de sucesos inciertos.
La elección de la situación ya es un elemento
que puede entrar en el proceso.

Medin, Ross & Markman,en el 2005, definieron a la toma de decisiones como un proceso:

"La toma de decisiones ha sido comprendida tradicionalmente como un proceso cognitivo mediante el cual se evalúan las diversas alternativas de acción y se estiman las consecuencias más positivas."

Ahora bien, al hablar de un proceso cognitivo - un concepto complejo en la psicología por cierto- lo entendemos como la actividad cerebral que ocurre entre la presentación de ciertos estímulos y la ejecución de determinadas respuestas.

Conociendo como decide el Cerebro

Los científicos sitúan el control de las emociones en el sistema límbico, por eso denominan a esta estructura "la parte emocional del cerebro". Este sistema está constituido por tres elementos fundamentales con funciones específicas:

* El tálamo, que envía mensajes sensoriales al neocórtex cerebral (el neocórtex se considera la parte pensante del cerebro).

* El hipocampo, se cree que juega un papel muy importante en la memoria y la interpretación de aquello que percibimos.

* La amígdala, que es el centro de control emocional, posee abundantes conexiones con variadísimas zonas del cerebro. Su función consiste en asignar significado emocional

El sistema límbico en su conjunto está presente en ambos hemisferios cerebrales, regula las emociones e impulsos que experimentamos y está en constante interacción con la corteza cerebral. Una transmisión de señales de alta velocidad permite que el sistema límbico y el neocórtex trabajen juntos, y esto es lo que explica que podamos tener control sobre nuestras emociones.  

Abel Cortese, un investigador de Inteligencia emocional en el país dice:
"el neocórtex nos capacita no sólo para solucionar ecuaciones de álgebra, para aprender una lengua extranjera, para estudiar la Teoría de la Relatividad o desarrollar la bomba atómica. Proporciona también a nuestra vida emocional una nueva dimensión. 
Amor y venganza, altruismo e intrigas, arte y moral, sensibilidad y entusiasmo van mucho más allá de los rudos modelos de percepción y de comportamiento espontáneo del sistema límbico."

En síntesis, emoción y pensamiento,
no pueden pensarse en forma aislada en la vida del hombre,
y en consecuencia, tampoco en la toma de decisiones.

Indecisión patológica

Ya desde Platón, los seres humanos se consideran criaturas racionales. Por esto se suponía que haciendo a un lado la vida emotiva, se fortalecía “la razón.

Y eso creía Antonio Damasio antes de dedicarse a la neurobiología, pues pensaba que las emociones no tenían por qué mezclarse con la razón. Sin embargo, con los años de estudio, justamente afirmó lo contrario.
Ya a principios de la década de los 80, comenzó a estudiar a un paciente llamado Elliot, quien a raíz de un tumor cerebral había perdido la capacidad de experimentar emociones.
En ese momento, los científicos asumían que nuestras emociones eran irracionales. Una persona sin emociones -en otras palabras, alguien como Elliot- podría tomar mejores decisiones.
Pero eso no fue lo que sucedió con él. Su tumor lo dejó con un desorden devastador: quedó "patológicamente indeciso."

Elliot pasaba el tiempo reflexionando sobre los detalles más irrelevantes, como por ejemplo si debía utilizar una lapicera azul o negra, o qué estación de radio escuchar, o dónde estacionar su carro.
Cuando iba a un restaurante, Elliot consideraba detenidamente dónde estaban las mesas, cómo era la iluminación, qué ofrecía el menú y luego se dirigía a distintos locales para estudiar cuán ocupados estaban.

Sin embargo, estas consideraciones no parecían ayudarlo: seguía sin saber qué hacer. El razonamiento puro, definitivamente es una enfermedad.

Y también lo es la emocionalidad pura...

No siempre debamos confiar en nuestras emociones. Aunque nuestro instinto pueda, en ciertas ocasiones, ser muy acertado; en otras puede empujarnos a cometer errores muy graves.

El mejor modo de superar esto, es conociendo nuestro mundo emocional, y aprendiendo lo que él viene a enseñarnos.

Las emociones en una decisión

La presencia de emociones en una toma de decisiones es un requisito necesario, pero no suficiente para que las mismas resulten acertadas. Volvamos a Damasio, quien en uno de sus más famosos libros "El Error de Descartes", nos dijo:

"Tampoco quiere ello decir que cuando los sentimientos tienen una acción positiva tomen la decisión por nosotros; o que no seamos seres racionales. Sólo sugiero que determinados aspectos del proceso de la emoción y del sentimiento son indispensables para la racionalidad. En el mejor de los casos, los sentimientos nos encaminan en la dirección adecuada, nos llevan al lugar apropiado en un espacio de toma de decisiones donde podemos dar un buen uso a los instrumentos de la lógica."

Se ha demostrado que el estado de ánimo, así como la tendencia del individuo a presentar o no problemas de esta índole, pueden influir de forma muy significativa en la toma de decisiones en todo tipo de actividad, por muy mecánica o rutinaria que ésta resulte.

Los momentos de duda, generados por la falta de información, ponen inevitablemente un mecanismo en el que el individuo opta, de forma más o menos consciente, basándose en criterios puramente emocionales.
Por ello, el conocimiento de uno mismo en el plano emocional puede contribuir a un mayor control y, de este modo, combatir frenos como los miedos, las fobias o simplemente las reticencias de índole anímica ante eventuales disyuntivas.

Eward de Bono, experto mundial en procesos de pensamiento y creatividad en la "Las Emociones en la toma de decisiones" nos dice que, aunque no nos guste admitirlo, en última instancia todas las decisiones se toman emocionalmente.
La información y el razonamiento lógico nos colocan en mejor situación para ejercer nuestras emociones. Por lo tanto, podemos identificar la base emocional de nuestra decisión. 

A sus juicio, las tres emociones más importantes que intervienen
en las decisiones, son:
1. Temor
2. Codicia
3. Pereza

Un estudio de 1997, de Vicente M. Simón, de la Universidad de Valencia, titulado La participación emocional en la toma de decisiones", concluye lo siguiente:

"Nos encontramos pues ante una nueva perspectiva;
la de tener que considerar que las emociones, lejos de ser un obstáculo para la toma adecuada de decisiones, como se ha venido considerando en el marco del pensamiento racionalista,
son un requisito imprescindible para la misma".

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¿Cuántas emociones diferentes existen?

Robert Plutchik, quien identificó y clasificó las emociones en 1980, propuso que los animales y los seres humanos experimentan 8 categorías básicas de emociones que motivan varias clases de conducta adoptiva.
Temor, sorpresa, tristeza, disgusto, ira, esperanza, alegría y aceptación
Según Plutchik, las diferentes emociones se pueden combinar para producir un rango de experiencias aún más amplio. La esperanza y la alegría, combinadas se convierten en optimismo; la alegría y la aceptación nos hacen sentir cariño; el desengaño es una mezcla de sorpresa y tristeza.
Las emociones varían
en intensidad :
la ira es menos intensa que la furia, y el enojo es aún menos
intenso que la ira.


La Negociación Racional en un Mundo Irracional

A partir de diez mil estudios sobre la conducta en la negociación realizados con otros tantos ejecutivos, ejecutivos y estudiantes en los últimos cinco años, se llegó a la inquietante conclusión de que la mayoría de los gerentes tienden a comportar­se de modo irracional en las negociaciones. Por ejemplo, descubrieron que son proclives a experimentar una excesiva confianza en sí mis­mos, a intensificar precipitadamente sus compromisos iniciales y a desatender las técnicas que emplea la otra parte.

Esta conducta -según demuestran los autores-
es el resultado directo del hecho de que somos víctimas de nues­tras propias falsas y engañosas suposiciones. Por medio de simulaciones y ejercicios, Bazerman y Neale enseñan a evitar esas trampas centrando la atención en la conducta del oponente y desarrollando la aptitud de reconocer las propias limitaciones y tendencias

Max H. Bazerman & Margaret A. Neale



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Mejorando nuestra intuición

Peter Senge dice: "los individuos dotados de elevado dominio personal (una de sus conocidas disciplinas) no se plantean elegir entre la razón y la intuición, como tampoco se les ocurriría caminar con una sola pierna o mirar con un solo ojo".
Daniel Goleman afirma: "la sensibilidad intuitiva instantánea podría ser el vestigio de un primitivo y esencial sistema de alarma, cuya función consistía en advertirnos del peligro..."
Nuestra capacidad intuitiva
es algo que podemos reactivar. Este despertar
de la intuición consiste en conocer y abrir nuestros canales de recepción, interpretar correctamente lo recibido, y aprender a diferenciar una intuición de un deseo y/o un miedo.
De esta forma, podremos aprovechar plenamente a nuestra intuición para la toma de decisiones de negocios, como hizo Ray Kroc cuando sus asesores le recomendaron no comprar McDonald's.
La intuición es, como dice Csikszentmihalyi: “un corcho mantenido bajo el agua que sale y salta en el aire cuando se le suelta”. Nosotros también la vemos como una burbuja que, al llegar a la superficie, se muestra efímera: hay que estar atentos para captarla.

"El rol de la intuición en la toma de decisiones " Lic. Juan Carlos Rosman Director de Ideo Génesis.


    

Hablar de la toma de decisiones, implica hablar de nuestra vida cotidiana.

El mejor modo de aprender a tomar decisiones, es haciéndolo.
Para que este hacer sea beneficioso, debemos conocerlos procesos que entran en juego:
ideas, juicios, valores, creencias y fundamentalmente nuestras emociones,
que históricamente tuvieron tan mala prensa a la hora de analizar una decisión.

El mejor modo "tomar decisiones", es permitiéndonos el error, apostando a probar,
concientes de que lo mejor que puede pasarnos es responsabilizarnos
por las consecuencias de nuestros actos, sintiéndonos protagonistas de nuestras vidas,
de un modo tan imperceptible, que ni siquiera nosotros nos damos cuenta.

-"No hay trompetas que suenen cuando tomamos actividades importantes en nuestra vida.
El destino se da a conocer en silencio"-
dijo una bailarina llamada Agnes de Mille.
De mi parte, agregaría, que "a ese silencio" también hay que saber "escucharlo".
Por eso creí importante aportarte posibles pistas para hacerlo,
apostando a que te "conozcas y reconozcas" en tus decisiones.

Fabiana Andrea Mendez

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