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Esclavos de la Angustia
En el Reino de los muertos vivos

Permítanme por un segundo contarles algo personal y, hacer visible “lo invisible”, mostrando lo que ya muchos naturalizamos: convivir con quienes por su adicción,
están condenados a un infierno de por vida.

Y quiero romper el silencio y la vergüenza que el tema conlleva, pues según la droga que se utilice, tras el adicto ronda la idea la marginalidad, el delito, y/o el narcotráfico.
Pero además, y como complemento en casi todos los casos, se pone el acento en una familia disfuncional o en un entorno hostil, que explicarían el caso.
Y es muy probable que así sea.

¡Pero que arroje la primera piedra quien se crea exento de que un ser querido sea víctima de una adicción! Le aseguro que quienes pasamos por esas situaciones estamos agobiados porque el adicto poco a poco se nos hace un desconocido, nos violenta emocionalmente y en el peor de los casos nos golpea, destroza nuestras casas, nos endeuda y roba hasta las ollas viejas de cocina:
todo eso por una dosis que quizá le dure unos minutos….
¡Cómo se hace para procesar todo eso!

Les aseguro que, en ese lugar, en general no se entiende nada. Lo
más probable es que nunca nos dijeron que para ayudar a un ser querido era necesario poner límites a veces impensados:
desde mostrarnos inflexibles, hasta judicializarlos. O llamar a la policía y bancarnos luego ver como se cumple lo que pedimos: una internación que ellos no quieren, pues eligen seguir como están.

¿Pero se puede llamar a eso elegir? ¿Y entonces por qué no validamos que un suicida o un enfermo terminal elija que hacer con su vida?

Y lo triste de esto es que, cuando el adicto pide ayuda, se topa con este muro: el grupo familiar también se enfermó y no se dio cuenta que también es parte de un problema, que se oculta tras la vergüenza.
Y la política pública, nos dice que no es posible privar a un adicto de su libertad, aún cuando todos admiten que sólo eligen "drogarse sin parar", aún sabiendo las consecuencias de hacerlo.
Yo acepto que el tratamiento forzado no funciona, pero acéptenme que ese mismo adicto tarde o temprano delinque – dentro o fuera de su casa - para consumir.

Lo primero, es lo primero:
¿Qué es la Adicción?

Cuando hablamos de adicciones, en general lo asociamos a las drogas, pero estas son sólo una de sus múltiples caras: el alcohol, el tabaco, los fármacos, la obsesión por el sexo, el aspecto físico, el trabajo, el juego y hasta los propios adictos pueden ser una adición para su entorno. Lo común en estos casos, nos dice un especialista español, José Luis Cañas, es la existencia de una experiencia buscada con tal ansiedad que lleva a perder el control cerebral y emocional.


Adicto viene del latín addictus, heredado o adjudicado.
Se llamaba addictus al ciudadano al que el juez adjudicaba como esclavo a su acreedor por no tener ya nada con que pagar sus deudas. La addictio (adicción) era la sentencia por la cual
se lo condenaba a la esclavitud.

En la esclavitud, lo mismo da estar atado por un hilo que por una cadena de hierro: No se puede volar.

No confundamos, con esto no digo que todas las adicciones conllevan el mismo riesgo. Sería ridículo comparar la adicción a la limpieza con el consumo de pasta base, lo destructivo de esta última y la cercanía al delito son un capítulo aparte. Simplemente quiero transmitirles que lo importante es la persona, de ahí la imposibilidad de reducir el tema al abandono de una sustancia o a la modificación de una conducta.
Muchas veces me pregunté qué lo endeudó al adicto de tal manera, que entregó su propia vida. La respuesta no es el "objeto droga", no paga por él.
Lo hace por ocultar su angustia, no precisamente la que inspiraba a los poetas y a los filósofos existencialistas; sino la cotidiana, esa que queremos tapar a cualquier costo con lo primero que tenemos a mano.

Lo peor es que no alcanza. Lejos de ocultar una falta, el objeto droga la exhibe una y otra vez, provocando un inmenso sufrimiento, sufrimiento que hermana al adicto con su entorno.

Nadie mejor que Antoine de Saint- Exúpery para evidenciar ese sentimiento en la gran melancolía que experimentó el Principito al visitar un planeta habitado por un borracho:

Al llegar al tercer planeta, se encontró con un borracho. El principito le preguntó para que tomaba y el borracho decía que para olvidar, él le pregunto para olvidar qué. El borracho le respondió que para olvidar la vergüenza. ¿Cuál vergüenza? - repreguntó el principito. El borracho dijo entonces que la vergüenza de beber, y se encerró definitivamente en el silencio. El principito se fue, perplejo. Las grandes personas son decididamente muy pero muy raras, se dijo a sí mismo durante el viaje.

El borracho sólo podía hablar de la bebida, no encontró nuevas palabras para describir su estado. Una versión psicoanalítica del tema relaciona la palabra adicción con adictun , que significa: a: sin / dictun: dicho : sin dicción - sin palabra - lo no dicho .

'El poder de la palabra' resultará entonces un camino hacia la libertad. La palabra crea mundos, el adicto necesita crearlos porque no aprendió a creer que 'se puede' convivir con la angustia. Pero el adicto no las tiene y ni siquiera suele soñar con ellas.

La posibilidad de un nuevo aprendizaje, abre el camino a la prevención y la recuperación. Independientemente de la discusión sobre si el adicto nace o se hace por el entorno socio-familiar (que me permito decirles que ambas cosas son ciertas), apuesto a enfatizar la posibilidad de recuperación de la persona y fundamentalmente el uso de la palabra como una herramienta preventiva.
Cañas dice también que nadie se acuesta abstemio y se levanta alcohólico; la entrada en el mundo adictivo es un proceso acumulativo. Quien conozca a un adicto entenderá muy bien de que habla: ¿Cuántas alertas desoímos hasta el día que nos topamos con ese monstruo llamado adicción?

Pedí ayuda

Nosotros no trabajamos el tema, pero es fundamental que pidas ayuda¨:


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De verdad no se que hacer con todo esto y sólo tengo las preguntas propias, del dolor que el tema implica. Si se que desde la política pública la respuesta es muy pobre, al punto que no se le da a estos temas la importancia que debería tener: Si la política es el arte de lo posible, no busquen más responsabilidades individuales en los médicos, policías, juzgados, o las familias; pues allí se vive una guerra de “víctimas contra víctimas” y no permitan que se patee la responsabilidad del estado nacional a las provincias y de estas a los municipios: demuéstrennos que, más allá de las internas partidarias, hacer política es estar junto a la gente.

En guaraní, ñeñé significa palabra y también significa alma. Parafraseando a Eduardo Galeano que nos dice que quien miente la palabra traiciona el alma, diría que quien silencia la palabra mata su alma.
No casualmente a los Adictos se los llama los "Muertos vivos".

Fabiana Andrea Mendez

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