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Un día, sólo un día.

Un día quise huir, sentí un gran alivio al fantasearlo.
Un día decidí huir, no sabía bien cómo hacerlo y temí quedar atrapada.
Un día necesité huir, pagué un costo muy alto
al pensar la huida como alternativa.
Aprendí a fuego que es posible de huir de todo y de todos;
lo imposible es huir de uno mismo, del infierno que llevamos dentro.

Un día quise quedarme, sentí un gran alivio al fantasearlo.
Un día decidí quedarme, no sabía bien cómo hacerlo y temí quedar atrapada.
Un día necesité quedarme, pagué un costo muy alto conviviendo conmigo.
Conocí su límite, algo en mi presencia llegó a desesperarme, pero ya no había marcha atrás.

Un día quise resistir, en la realidad que ese momento impone.
Un día decidí resistir, dejándome llevar donde Dios lo quiera.
Un día aprendí a resistir, entonces no necesité ni huir ni quedarme.




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