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Elogio del "no hacer".

Hay palabras que tienen mala prensa, contradicciones es una de ellas. Sin embargo, en muchos momentos de mi vida, lejos de presentar opuestos, dan cuenta de un proceso de superación personal.

Hacer o no hacer, me habla de esa experiencia.

Una vez, alguien me dijo: - “No ha nada que el no-hacer no haga”- y sabiéndome una hacedora y orgullosa de serlo, lo sentí acertado interpretando que por acción u omisión somos responsables de nuestros actos.

Sin embargo, más de veinte años después, en un momento muy doloroso para mi, esa afirmación tomó otra dimensión: la idea del hacer se asoció a la la de frustración, siendo ambas causas y efecto de un estado de angustia que me empantanó por más de diez años.

No sé si experimentaron esto alguna vez, pero la vida me enfrentó a una situación muy difícil., en la cual no paré de hacer cosas para revertirla. Y más hacía, más me frustraba al comprender la inutilidad de mi hacer. Y a mayor frustración más creatividad y energía utilizaba para hacer cosas; cosas que sólo reafirmaban mi frustración por verme siempre en el mismo lugar. Y entonces, en tal estado de “imposibilidad” emperecé a cuestionar mi hacer, no sólo por su inutilidad sino por su capacidad de empeorarlo todo.

Fue entones, y no desde una iluminación mística,
donde empecé a no hacer.
Fue entones, y no desde una iluminación mística,
donde enfrenté la angustia de limitarme a ser una observadora.
Fue entones, y no desde una iluminación mística,
donde conocí miespíritu gobernando mi razón y mis sentidos.
Fue entones, y no desde una iluminación mística,
donde Jesucristo se me reveló.



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