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El Miedo a Elegir.

En muchos de mis artículos, de una u otra manera menciono la libertad de elección; tanto de lo elegido como de lo “no elegido”.

Cuando elegimos algo, implícita o explícitamente, descartamos el resto de opciones; aún aquellas que desconocemos.
Cuando  evadimos una decisión,  también elegimos y somos responsables de sus consecuencias
No existe la "no elección". 

En "Ética para Amador" Saváter, de un modo muy provocador nos dice:  -"estamos condenados a elegir"- y yo agregaría para esa condena no hay indulto que valga... 

Les aseguro, que en muchísimas ocasiones realmente elegir es  una condena; el Miedo a Elegir – aunque se trate de un temor absurdo -  puede ser un gran protagonista.
Los factores que nos condicionan, son innumerables:

Desde la biología, la cultura en que nacimos, la educación familiar, la escolar, el contexto social, la ideología, las modas, la presión mediática, la sociedad de consumo; hasta la falta de perspectivas y el desconocimiento de nuestro propio deseo:

-¿Qué elegimos? - es una buena pregunta para hacernos. 
TODO, es la primera respuesta a ofrecerte. 
Pues por acción u omisión elegimos todo lo que hacemos,
 pensamos y sentimos  a  cada segundo; consientes de que
nuestro mundo emocional es nuestro primer condicionante
Todas son elecciones, las cotidianas, las trascendentales
y también aquellas en las que creemos que alguien lo hace por nosotros.
Cierto, que hay diferencias en el impacto de las mismas...

No es lo mismo con qué galletitas voy a desayunar, si renunció o no a mi actual empleo;   tampoco es lo mismo hacerlo si cuento con otros ingresos, o si estoy solo o con una familia a mi cargo .Estas elecciones, conllevan un compromiso emocional diferente, pues son diferentes los riesgos que se corren y los consecuencias que implican la misma.

Riesgos y consecuencias son dos palabras, 
que no pueden omitirse a la hora elegir.
El proceso de elegir determina el riesgo de elegir una cosa, 
y desechar otra o muchas otras; 
incluso, con el dolor que implica no volver atrás.

Quizá por esto, pareciera más sencillo vivir en la ilusión de la opresión. Como a la libertad es imposible escapársele, huimos de la conciencia de sabernos responsables de elegir. ..
Asumir de forma honesta las consecuencias de nuestras decisiones, implica asumir responsabilidades. Hasta la más insignificante decisión tiene consecuencias, muchas de ellas muy dolorosas. 
De este modo, a mayor responsabilidad por asumir las consecuencias de nuestros actos, a mejor conexión con el dolor por posibles pérdidas, más libres llegaremos a ser.

Aquí la gran paradoja de la libertad, todo el tiempo pedimos que nos dejen decidi;
cuando en realidad, huimos a la responsabilidad de hacerlo.

El placer de elegir y la ilusión de lo ganado, son un cara de la moneda. 
La otra es la incertidumbre, el temor a lo desconocido, 
y el fantasma de la pérdida asechando.
No es posible apostar, sin ser capacidades de perder algo. 
Y no es posible ganar, sin el riesgo de una apuesta.

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