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Carta para sembrar un recuerdo.
Carta a mis compañeras de canto,
en mi segunda muestra- Agosto 2013

Mi abuela me decía que debíamos sembrar en el presente, los recuerdos del futuro; con esa sabiduría incomparable de quienes concientes de su finitud, legaban en vida las cosas realmente valiosas.

Por eso quiero, que tanto Marce como Elio y esas increíbles compañeras de talleres, cuando elijan recordarme lo hagan sabiendo lo feliz que fui el día de la muestra.

Y para ayudar a construir este recuerdo, es necesario que previamente les cuente dos cosas:

•  Hace muchos años, en esas épocas donde discutía todo y promovía los debates más ridículos que puedan imaginar; le cuestioné a un amigo fotógrafo si realmente lo que hacía era arte.
Él se rió y me dijo:
-  Capturá el instante- . Recién cuando lo logres, quizá entiendas de que se trata un hecho artístico. Sino es inútil que te escuche.

•  Hace menos años, en una época de mayor conexión personal, cuando doy un curso de oratoria y hablo de la diversidad de todo auditorio, uso como ejemplo un texto de Eduardo Galeano que compara al mundo con “un mar de fueguitos”. Y si bien di muchas charlas en mi vida y gracias a Dios sorteé muy bien los públicos más complicados, nada más lejano en mi a sentir los fueguitos vivientes.

Bien, dicho esto, ahora quiero compartirles mi alegría del pasado 4 de agosto.

Fue mi segunda muestra, aunque en realidad no tengo registro de la primera. Sé que existió en tanto hay fotos que lo confirman, pero sólo recuerdo el terror y la alegría por haberme animado a participar.

Sin embargo esa tarde, todo fue diferente. Aunque los nervios comandaban la escena, ni bien me presenté, fui testigo de lo que tanta veces repetí que sucedía. De pronto, levante la vista y me sentí ante un “mar de fueguitos”; la mayoría desconocidos para mí, ardiendo todos a la vez.

Entonces supe que otro juego había comenzado:

•  ellos ahí, regalándome su fueguito único e irrepetible.
•  yo ahí, atenta a mi canción, compartiendo un fueguito muy avergonzado porque realmente era o feo lo que tenía para ofrecer y a la vez exultante, disfrutando de ese instante mágico, un regalo del cielo que ni siquiera en sueños me hubiese animado a pedir.

Cómo no capturar ese instante.
Cómo no atesorarlo sabiendo lo vivido será irrepetible.
Cómo no capturar ese instante.
Cómo no atesorarlo y revivirlo en los momentos en los cuales la vida duele demasiado.

Definitivamente, por primera vez, pude robarle una foto a la vida.
Una foto que quiero compartirles, para que así me recuerden.

Y no olviden nunca, ni me permitan olvidar, que ese maravilloso instante se lo debo a - mis entrañables fueguitas de los miércoles, a ese fuego ardiente que es Marce y a ese fuego contenedor que es Elio.

Todos ustedes saben bien como empecé y saben que gracias al enorme afecto que me dieron, hoy puedo decir que también hay milagros terrenales, o al menos que yo viví uno en la escuela.

Y para cerrar, no puedo privarlos de “Un Mar de Fueguitos”,
en la la voz del mismísimo Galeano,
deseándoles que sin importar cuando, ni donde ni como:
capturen esos instantes mágicos que de vez en cuando la vida nos da.

Click Aquí para oir el Audio




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