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Pensando a mi Abuela.

Atrás quedó su Galicia.
Mil veces imaginé el día en que embarcó hacia Buenos Aires. Tan campesina, tan jovencita, tan llena de sueños….
Nunca le pregunté al respecto. La amaba demasiado para animarme a hacerlo, no soportaba la idea de hacerla sufrir. Imaginaba su dolor de entonces, un dolor que sabía la acompañaba cada noche, cuando después de cenar, nos juntábamos a ver televisión.

Atrás quedó su Galicia, atrás también su nombre.
- ¿Cómo se llama tu abuela? – era una pregunta que de niña me divertía responder.
-María del Carmen, María del Carmen Pilar, Carmen Juan, Ángela Juana, Juana Pilar, María Ángela del Carmen…. y algunas otras combinaciones que ni siquiera recuerdo -. Un nombre en su pasaporte, otro en la cedula de identidad, otra en la partida de matrimonio, otro en la de nacimiento de sus tres hijos y otros en tantos documentos como conocía.

Atrás quedó su Galicia, atrás también su nombre y su edad.
- ¿Cuántos años tiene tu abuela? – era la otra pregunta que adoraba escuchar.
Responderla era siempre contar una historia sobre una edad fraguada para pagar menos un pasaje; una edad que de por vida determinó dos fechas de cumpleaños; un modo casual pero mágico de darnos dos oportunidades de agradecerle a Dios por su vida.

Atrás quedó su Galicia, atrás también su nombre, su edad y su religión.
¿Cree en dios tu Abuela? - era una pregunta que me esmeraba en responder.
Nunca dudé cuánto Dios amaba a mi abuela; de otro modo hubiese sido imposible que ella con su sola presencia, diese testimonio del milagro de la creación.
Tampoco dudé de su entrega a Dios, en tanto lo dejaba todo por ayudar a otros, otros que quizá no conocía o que le habían hecho daño. Sin embargo, siempre dudé de su religión…
Pasó por tantas sin dar explicaciones del porqué de los cambios. Lo único incuestionable era que Dios hecho hombre -Jesucristo- era su referente y con eso, en mi caso no era necesaria justificación alguna.

Atrás quedó su Galicia, atrás también su nombre, su edad, su religión y su alegría.
¿Es feliz tu abuela? - era una pregunta que interesaba siempre dejar claro.
Muchos dijeron que su alegría se fue apagando tras la muerte de mi papá, cuando yo tenía un año y medio. No lo creí; durante los 25 años compartidos, la disfruté a diario.
Si comparto que después de su cumple de 80, la última vez que la vi brillando como nunca, algo empezó a alejarla de nosotros: su cuerpo estaba allí, pero su ser tomaba distancia.
Sus ojos celestes en los cuales amaba perderme; de pronto reflejaron una ausencia eterna: ausencia que de algún modo fue preparándome a su despedida

Atrás quedó su Galicia, atrás también su nombre, su edad, su religión, su alegría y su vida terrenal.
¿Cuándo murió tu abuela? - era una pregunta que dolía responder.
Se fue al día siguiente de mi cumpleaños, imposible olvidar ese día; y menos aún los días previos en los cuales despedí su cuerpo castigado por un coma del cual nunca volvió.
Atrás quedó la historia de su vida, una historia más para quienes no la conocieron.
Sin embargo, quienes tuvimos el privilegio de hacerlo, sabemos que fue tal su amor para permitirnos vivenciar a Dios, que la muerte perdió la batalla; ese amor ya se anidó en nuestro corazón.

Atrás quedó su Galicia, atrás también su nombre, su edad, su religión, su alegría, su vida terrenal y la idea del opuesto muerte/vida.
Si algo aprendí con ella, es la idea de un clico “vida/muerte/vida” que se repite a cada instante. Un ciclo que cuestiona tiempo y espacio y que le quita sentido mirar atrás para recordarla; es hoy y aquí cuando almas se entrecruzan por una ligazón de amor, que sólo Dios al comprenderla puede disolver.

Atrás quedó su historia; por siempre nos quedará su presencia.




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